Melania en Estambul

Melania

Melania Arrebola López (Málaga, 1980-2017) llenó la vida con su sonrisa e hizo sonreír a quienes la rodearon. Tenía solo 36 años cuando se marchó. Pero su recuerdo y su ejemplo se mantienen entre nosotros cada día.

Madre, esposa y enfermera. Aventurera, trabajó casi dos años en el hospital The James Cook University Hospital de Middlesbrough, en Inglaterra, donde pudo poner en práctica su especialidad en cuidados intensivos, unidad en la continuó al regresar a Málaga, trabajando primero en el Hospital Carlos Haya y más tarde en el Hospital Clínico.

En 2004 conoció a Javi, con quien más tarde se casó. En 2012 nació Alicia. Melania adoraba a su hija, igual de inteligente y despierta que su madre. Estaba muy unida a sus dos hermanos, Ohara y Efrén, de quienes siempre fue cómplice. Amaba la música, los viajes, el mar y sus amigos.

En 2013 le fue diagnosticado un cáncer. Exprimió cada día desde entonces, aprendiendo poco a poco a conocerse, a afrontar sus miedos, a aceptar la enfermedad y a vivir el presente. Estuvo serena, sin victimismo ni rencor. Pese a las dificultades, nunca dejó de disfrutar de la belleza de la vida. Y nunca dejó de sonreír. Con su carácter, mitad bendito mitad indómito, Melania nos hizo mejores y nos enseñó que se puede amar la vida incluso en las circunstancias más adversas. Y ese es su humilde y poderoso legado: su sonrisa. La Sonrisa de Melania.

 

 

Testimonios:

No me resulta sencillo escribir sobre Melania, mi hermana pequeña. Podría estar diciendo cosas de ella durante horas y no terminaría nunca. Estábamos muy unidas.

Ella era la pequeña de la casa, a la que protegíamos todos, la que parecía más vulnerable, “más débil”. Conforme iba creciendo observaba su personalidad, su carácter irrepetible, la facilidad con la que nos unía a toda la familia, siempre conciliadora, mediando entre unos y otros, haciéndonos mejores. Incluso en su fragilidad, con sus inseguridades y sus miedos, para mí ha sido (y sigue siendo) mi referencia, mi punto de encuentro, mi equilibrio. Siempre me acompañó en esta montaña rusa que a veces es la vida, en este laberinto mágico y misterioso por el que todos transitamos. ¡Y lo hacía como nadie lo supo hacer! Discreta, sin críticas, sin juicios, sin invasión, con respeto… Sencillamente estaba ahí, acompañándome en silencio.

Cuando apareció la enfermedad pasé junto a Melania todo el tiempo que pude. ¡Y aprendí tanto con ella! Aquella niña frágil e insegura se había convertido en una mujer llena de fuerza, de vida y de amor.

Durante todo su proceso, hubo días complicados, claro, pero aprendió a estar presente, a aceptar la enfermedad y a amar y amarse. Y siempre resurgía de esos días difíciles como un Ave Fénix. Con una fuerza luminosa, con claridad en su conciencia, siempre despierta y atenta.

El mayor regalo que he podido tener y que tendré jamás es haberla tenido conmigo y haber estado junto a ella. Su capacidad de adaptarse a los momentos difíciles y de superar cada prueba han sido las mejores lecciones que la vida me ha dado. Melania consiguió, al fin, “transformarse en mariposa”. Y me ha dejado el mejor legado que puedo imaginar: amar la vida sin condiciones.

Ohara

Ohara Arrebola

Sin lugar a dudas la sonrisa de Melania tenía algo especial, como ella misma era. A mi me daba tranquilidad, me sabía escuchar, me apaciguaba. Los mejores consejos, las locuras más grandes, con una mirada nos entendíamos. Los momentos más divertidos, ¡los más tensos e intensos también!

Era una niña buena, educada, respetuosa, llena de miedos. Una niña que no se sabía querer, no se creía todo lo que era. Un corazón enorme, siempre pendiente de los demás. ¡ERA UNA BUENA MONTAÑERA! Si una palabra la definiera antes de la enfermedad es sin lugar a dudas: Miedos.

¿Qué fue de esa Melania después de ese brutal diagnóstico? No lo sé, no la volví a ver. Esa niña rubia desapareció para dar paso a la pedazo de mujer que resurgía de las mayores cenizas. Cuando pensaba que no era posible levantar, ahí abría oooootra vez sus alas y ¡¡¡pa arriba!!!

Ella llegó a otro nivel, era un nivel diferente. Nos miraba a todos, miraba la vida desde un balcón y ponía cada cosa en el sitio adecuado. Esa mujer era una mujer valiente, tomaba decisiones que jamás en mi vida habría pensado que ella pudiera haberlas tomado. Surgió una fuerza indescriptible de su interior, empezó a quererse, a amarse, ¡se conoció por fin! ¡Se dio cuenta de que ella era especial! y lo supo. Sabía que su fuerza era ella misma y todo lo que había estado repartiendo a su alrededor todos estos años. Aprendió a tomar sus decisiones, a no dejarse influir para tomarlas. ¡Aprendió a vivir la vida! A disfrutar de todo y disfrutar de todos. De pronto se convirtió en maestra, ella dio lecciones con una facilidad y tranquilidad que ni ella misma sabía… y todo con una sonrisa en la cara. Aprendió el significado de la palabra desapego, que difícil, eso si que costaba, pero lo aprendió también poquito a poco y nos lo iba enseñando a todos los que la rodeábamos, nos dejaba sin palabras. En ese nivel al que llegó, consiguió tranquilidad y sobretodo consiguió paz. “¡Es la leche, tía!”, me decía… “esto está de “pm”, estoy en paz, no necesito despedirme, ¡es como si lo tuviera todo hecho!”

Si puedo definirla en pocas palabras, Melania ha sido: FUERZA, SERENIDAD, AMOR, COMPRENSIÓN, HONESTIDAD, PRESENCIA, REVOLUCIÓN.

La sonrisa de Melania, porque jamás la podremos borrar de nuestras cabezas quienes tuvimos la suerte de vivirla. Pero para mi todo lo vivido ha sido la Metamorfosis de Melania, ¡sin lugar a duda! Y lo consiguió. Consiguió convertirse en mariposa y volar, dejarnos a todos admirando la capacidad de cambio y la belleza de sus alas una vez que las abrió.

Siempre agradecida: “gracias por esta vida”, dijo…. ¡Gracias por esta vida a ti, Rubia! No pude elegir una mejor compañera de viaje.

Vito de León

Vito de León

Aterroriza pensar en cómo nos cambia la vida a todos los que de una forma u otra somos partícipes de estas enfermedades inesperadas y tempranas. Y que parece que tocan a todos menos a tí, hasta que te toca, y es entonces cuando te obliga a pararte y pensar en la vida, en que has hecho, en qué no has hecho y en qué te gustaría hacer. Aprender a priorizar qué es lo importante de lo que no lo es, porque el tiempo te obliga a correr, porque para tí pasa más rápido que para el resto.

Me quedo con el ejemplo de Melania de MOTIVACIÓN, de VALENTÍA y de LIBERTAD para afrontar su vida. No eligió entre la vida y la muerte, eligió el camino de la FELICIDAD, escogiendo todo aquello que le hacía feliz y que le ayudaba a mantener vivo su propio organismo. Su CORAZÓN: su HIJA, el motor principal de su vida y sin duda su mayor éxito que es una prolongación de la Sonrisa de Melania. Sus PULMONES: su marido y su familia, otro de sus éxitos, siempre a su lado en las duras y las maduras, en los días buenos, en los regulares y en los más regulares. Y su HIGADO: sus amigas y amigos, siempre dispuestos a irse al fin del mundo con ella (este órgano también es importante, no seáis mal pensados, jajajjaja). Pero el mayor de los éxitos es sólo ELLA, su LUCHA AMANDO LA VIDA y amando a los que la rodeaban y se sumaban a ella, disfrutando de todo intensamente como si no hubiera un mañana, siempre con su sonrisa.

Me quedo con ella, me quedo con la SONRISA DE MELANIA.

Irene Sánchez Domínguez

Irene Sánchez Domínguez, "La negra"

YO ESTUVE ALLÍ

“Primer fin de semana de curso Terapia del Alma en Sanaconsciencia (Coín). Primera práctica. Toca elegir pareja con quien realizarla, y me surgen las dudas y las inseguridades. Hasta que… de repente alguien emerge (de manera física) de entre las caras anónimas, y mi alma resuena con ella.”

He aquí mi primer recuerdo contigo Melania. Hicimos la práctica y fue muy positiva para mí. Me contaste el proceso que estabas atravesando, y que era lo que te había traído hasta allí. Fue fácil conectar contigo. Te recuerdo con ciertas dudas, principalmente con tu capacidad de no poder parar la mente. Ambos apoyados en la pared de la sala contamos la práctica vivida.
Para mí fue muy motivadora y acicate para los próximos encuentros.

A partir de aquí comenzó un trayecto de encuentros y compartir. Te recuerdo con tu hermana Ohara, aunque también observaba que la mayoría de las veces estabais sentadas por separado.

Pude ir observando tu evolución a medida que se sucedían las experiencias. De quejarte por “meter mucho la mente” a verte entregada a la Magia, la Espiritualidad, la Divinidad… Había encuentros en los que te observa animada y otros en los que el cansancio y el desánimo se apoderaban un poco de ti.

Llegó el encuentro en el que trabajaríamos las canalizaciones. Y allí me vi, delante de ti para hacer nuestra primera canalización. Cuando empezó todo tuve una doble sensación al guiarte: estaba cagado de miedo y alucinado a la vez.

Comenzaste a decirme cosas que me hicieron llorar y llorar: “que mi padre estaba justo detrás de mí y que como nunca me había dicho que me quería (aunque yo lo supiera) quería transmitírmelo a través de ti, que un primo me iba a ayudar (apareció a los pocos meses)… Fue increíble. Todo era tan real. Desde donde lo estabas contando era la clave. Desde la absoluta entrega a la vida. Al terminar pude comprobar como también estabas alucinada y abrumada, pero a la vez sabías que todo había sido una certeza.

En otro encuentro percibí una conexión más allá de esta existencia, tanto contigo como con tu hermana, y no sé por qué hoy siento que aquel día ambas me reconocisteis (me había afeitado la barba y os extraño a las dos).

Entre encuentro y encuentro íbamos sabiendo de tus pruebas y resultados. Te mandábamos tod@s mucha LUZ y AMOR.

En el primer encuentro que tuvimos tras cambiar de ubicación tuve una premonición. De repente te miré mientras estábamos en el círculo y supe que pronto nos dejarías en este plano físico. Entonces intenté dentro de mis posibilidades ofrecerte algo que pudiera ayudarte a dicho tránsito. Quise que hicieras un ritual indígena con el que poder conectar con tu Esencia, tus Guías…, para que te ayudara esos momentos. No pudo ser porque estabas pachucha, pero sí lo hizo tu hermana que creo ya se estaba preparando para ello.

Recuerdo otro encuentro comiendo en la rampa del aparcamiento. Tú estabas con tus gafas  de sol puestas. Ese día hubo muchas risas y lo pasamos bien.

Entre tanto, comenzamos a intercambiar vídeos, canciones, frases, que pudieran ayudarte en esos momentos. Me decías que te gustaba el rollo ese indígena.

En la última conversación personal que tuvimos me decías: “¿pero cómo se hace Ignacio?” Yo te miré a los ojos y te dije: “confiando en la vida Melania” No volvimos a vernos.

Varios días antes de tu partida pensaba en ti para ir a verte y que me canalizaras y ayudaras ofreciendo LUZ para alguna disyuntiva. No te llamé. Lo postergué. Me postergué y así tenía que ser.

Te marchaste el 1 de Junio, cumpleaños de mi madre. Acompañé a tu hermana y amigas aquella noche y al día siguiente pude comprobar cuanto AMOR habías derramado en esta existencia, pues jamás había visto el cementerio con tantísima gente.

Recuerdo a tu hermana serena y confiada en todo lo vivido. Alucinando contigo y Avihay y con tu proceso del que había sido observadora participante.

Tras tu partida algo hubo que me dijo que estuviera cerca de tu hija. Le regalamos un libro  que podía ayudarle a entender de una manera amorosa tu partida.

Tuve varias informaciones tuyas que transmití a tu marido Javi y a tu hermana Ohara, a los cuáles hoy siento Familia. Puedo sentirte muy cerca a menudo, y tu presencia se hace aún más fuerte cuando estoy con ellos y tu hija.

Te doy las gracias por elegirme para ser testigo de tu entrega al SER. Siento que cumpliste con tu misión de vida, y ha sido un regalo poder estar ahí para observarlo. Nada es igual ya para mí con respecto al tránsito entre esta vida y la otra después de tu vivencia.

Estas palabras surgen con el afán de recordarte, de honrarte y de ser testimonio de ti y de todo lo que nos regalaste.

Yo estuve allí” y pude ver la transformación de la que “metía mucho la mente” hasta su “entrega a la LUZ”.

Gracias Melania.

Ignacio Jurado

Ignacio Jurado

MELANIA

Con frecuencia me encuentro contigo, esos momento de expansión alegre en mi corazón, me siento acogida en tus brazos y llega la tranquilidad, mirada sabia, confiada, algunas lágrimas de emoción y una sonrisa incontenible, también en mis labios, entonces solo puedo agradecer, agradecer la vida, este momento, lo que soy, tu presencia…

Eva Tosina

Eva Tosina

LA SONRISA DE MELANIA

Tú que estás en la luz,
¿puedo bañarme en tus ojos?
¿Puedo perderme en este color
gris profundo azulado,
más allá del dolor, impregnado
por el sendero de la paz
en tu corazón?

¿Puedo aprender de ti
la valentía de querer,
sin sacrificar mi persona
en el teatro de los demás
y simplemente amar
este instante fugaz?

Tú que nos has enseñado,
cómo nunca termina
el curso real de la vida
y que el diploma de agradecer
es una sabia sonrisa,
una alberca de la trascendencia,
¿podríamos parar, al cruzar tu camino en la Fuente,
descansar y beber?
……………………………………………………..

Gracias, Melania, nuestra compañera de TDA, ¡por darnos el ejemplo de la Trascendencia!
Ha sido un honor para mi conocerte y acompañarte, ya eres parte de mi y de todos.
Te saludo por cumplir el anhelo de todas las almas y regresar a tu Hogar, a nuestro Hogar.
Bendita sea tu memoria en nuestros corazones, que tu familia esté unida y en paz!

Avi Hay Abohav

Eva Tosina
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